(Fragmento de la obra "Tardes de lluvia en el porche", de la artista María Rosa Muñoz)

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.
(Dicho por Guillermo de Baskerville, en El nombre de la rosa, de Umberto Eco).

martes, junio 20, 2017

SENESCYT y UASB: solo hay que cumplir la Ley


           
           En días pasados, luego del acuerdo alcanzado por la SENESCYT y la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador, que fuera publicitado el 1 de junio, aparecieron dos artículos de opinión que, de manera tendenciosa, interpretan el acuerdo; de forma tergiversada, mencionan mi participación en el impasse de la UASB; y, de manera deliberada, ocultan a sus lectores la negativa del rector de la UASB-E a reintegrarme como docente de planta. El uno, "Acuerdo sobre la Andina", de Enrique Ayala Mora (El Comercio, 09-06-17); el otro, "El acuerdo con la Andina", de Felipe Burbano de Lara (El Universo, 13-06-17). Ambos artículos, básicamente, dicen lo mismo y tienen similares punto de vista, por lo que habré de referirme, indistintamente, a ambos.
            El acuerdo entre la SENESCYT y la UASB es importante porque ha logrado que, finalmente, la UASB-E acepte públicamente lo que sus autoridades, sistemáticamente, se habían negado a aceptar: 1) Ingresar al eSigef y manejar los fondos públicos con los sistemas contables y de registro que llevan todas las instituciones públicas del país; 2) Repatriar al sistema financiero nacional los recursos que la UASB tiene en el exterior; y 3) Reconocer la competencia de las autoridades de control del Estado ecuatoriano sobre el manejo de los fondos públicos.
            En contraparte, la SENESCYT se comprometió a “reafirmar el estatus de organismo público internacional de la UASB-E”, que es algo que nunca ha estado en duda; y a gestionar las asignaciones pendientes. Estos puntos serán resueltos una vez que la UASB cumpla con las tres exigencias arriba mencionadas; puesto que, para empezar, las transferencias deberán hacerse a través del eSigef, según señala la Ley. Exactamente lo mismo que el gobierno anterior le exigía a la UASB.
            Sin embargo, tanto Ayala Mora como Burbano de Lara, opinan sobre el impasse desde una supuesta victimización política. Ninguno reconoce que la UASB-E, por razones de militancia partidaria de sus autoridades —empezando por Ayala Mora, que utiliza su columna editorial, con el beneplácito del diario en el que escribe, para opinar sobre un asunto del que es juez y parte—, se ha negado a cumplir la Ley ecuatoriana. Tanto se ha negado que ahora firma un acuerdo aceptando que habrá de cumplirla. Suena extraño pero es así: con el acuerdo, las autoridades de la UASB-E reconocen que ahora sí se someterán a la Ley ecuatoriana.
Ninguno de los dos editorialistas informa a sus lectores que el Consejo Superior de la UASB, cuyo presidente es el colombiano Luis Fernando Duque, también ha impelido a las autoridades de la sede Ecuador a cumplir con la Ley del país. Por ejemplo, en la sesión del 22 de noviembre de 2016, fue resuelto que el presidente del fondo de inversiones de la UASB-E (Fondo de Promoción) debió haber presentado, en quince días desde esa fecha, un informe detallado sobre la evolución de dicho fondo. El cumplimiento de esta disposición ha sido escamoteado pues, una comunicación del 22 de diciembre de 2016, firmada por el presidente del Fondo de Promoción, está llena de disquisiciones legales y justificaciones sin mencionar una sola cifra que permita tener una idea, para empezar, de a cuánto asciende dicho fondo.
Nunca las autoridades de la UASB-E han rendido cuentas a la comunidad universitaria sobre el Fondo de Promoción —que el actual rector se ha comprometido a repatriar—; por eso es que ningún estamento de la UASB conoce hasta hoy: 1) Cómo y cuándo se formó el fondo; 2) Cuál ha sido su monto en los diferentes años; 3) Cómo ha evolucionado; dónde y bajo qué condiciones financieras ha sido invertido; 4) Qué se ha hecho con los intereses generados; 5) Si se ha dispuesto de parte del capital, en qué se ha invertido y bajo qué normas de uso dinero público.
Dado el acuerdo firmado con la SENESCYT, ojalá que las autoridades de la UASB, por fin, informen sobre el Fondo de Promoción a todos los estamentos de la comunidad universitaria. Asimismo, ojalá que, para el bienestar de trabajadores y docentes, se decidan a arreglar las glosas y otras cuentas pendientes con el IESS para que los empleados de la UASB puedan acceder a los servicios de la seguridad social. Y ojalá que, finalmente, los docentes sean ubicados según ordena el Reglamento de Carrera y Escalafón del Profesor e Investigador del Sistema de Educación Superior, expedido en 2013, según la LOES.
            Los articulistas, asimismo, repiten dos consignas falsas para justificar su argumento esgrimido desde la “teoría de la conspiración”: la una, que en la UASB-E el rector es elegido; y la otra, que yo era el “candidato del correísmo” frente al “candidato de la universidad”. Sobre el primer punto, el Estatuto señala que el rector de la UASB es designado por el Consejo Superior. Para comprender mejor este asunto, los remito a mi artículo "Cinco apuntes sobre el impasse de la Universidad Andina Simón Bolívar" (El Telégrafo, 05-02-16).
Sobre el segundo punto: bien conoce Enrique Ayala Mora —quien, destruyendo una relación fraternal que nos unió durante el crecimiento de la UASB, no tuvo empacho, por causa de la coyuntura política, en “demonizarme” durante la consulta previa con toda clase de mentiras sobre lo que sería mi actuación si era designado rector—, y también lo sabe la comunidad universidad: yo he sido profesor fundador de la UASB-E, y como tal tenía y tengo el derecho de aspirar a cualquier función de dirección de la universidad por mí mismo sin asumir la bandería de ningún gobierno ni partido político. Yo participé del proceso de designación de rector en mi condición de docente fundador de la UASB y era tan “candidato de la universidad” como cualquier otro.
Así que, señor Burbano de Lara, tranquilo; no se afane usted en pretender colocarme sambenito alguno al mejor estilo de los inquisidores. Mi nombre siempre será recordado en la UASB-E: me recordarán como parte del grupo de profesores fundadores de la universidad, como director del Área de Letras, como director-fundador de la revista Kipus, como investigador del proyecto de las literaturas del Ecuador, como miembro del Consejo Superior de la UASB que ha exigido que la institución cumpla la Ley, y también me recordarán como un docente que, en cada curso, aprende enseñando.
Lo que tampoco informan Ayala Mora y Burbano de Lara a sus lectores es que, contra todas las declaraciones de pluralismo y democracia de las que llenan sus escritos, el actual rector de la UASB-E, con una serie de maniobras dilatorias, se niega a que yo reingrese como docente de la universidad. He dirigido tres oficios al rector solicitando mi reintegro a las actividades académicas y docentes que me corresponden: el 5 de mayo, el 29 de mayo y el 13 de junio. Pueden consultar el oficio del 13 de junio a Jaime Breihl que resume la situación en la que mis derechos laborales están siendo violentados.
Mi condición de docente de la UASB está corroborada por el hecho de que la propia UASB-E —como corresponde a mi estatus de profesor de planta del Área de Letras y Estudios Culturales—, me ha incluido en la página web de la universidad; asimismo, consto en el folleto de Convocatoria Internacional 2017 de los Programas de Maestría de Investigación; y, además, en la pasada consulta previa para rector que tuvo lugar el 24 de octubre de 2016, estuve registrado, como docente de planta, en el padrón y ejercí mi voto. Pero las autoridades actuales se niegan a reintegrarme a mis actividades académicas y docentes.
Hablan contra “el autoritarismo” y “el abuso”, y hacen pomposas declaraciones de “pluralismo”, pero en su esfera de poder, sea laboral o doméstica, se comportan como tiranos que violentan derechos laborales, y como sectarios que no admiten el disenso. Pero no solo eso. El rector de la UASB, el mismo que firmó el acuerdo con la SENESCYT, también desacata una resolución, del 11 de mayo, emitida por el presidente del Consejo Superior de la UASB, “máximo organismo de dirección de la universidad”, según lo estipulado en el artículo VII, numeral 1, de su Estatuto, que lo conmina a reintegrarme en un plazo máximo de quince días. Dicho plazo terminó el 27 de mayo y yo continúo con mis derechos laborales violentados.
El acuerdo entre la SENESCYT y la UASB-E es plausible porque se basa en una fórmula sencilla, que no da lugar a interpretaciones: la UASB-E tiene que cumplir las leyes del Ecuador si quiere gozar del reconocimiento del Estado ecuatoriano como organismo público internacional y participar de los recursos públicos destinados a las universidades. Para que el acuerdo sea puesto en práctica, ya que hasta hoy está únicamente en un documento, solo hay que hacer lo que no quiso hacerse en el pasado: cumplir la Ley.
 



martes, junio 13, 2017

Un argentino recibe el premio Nobel de Literatura



Enrique Pinti es un humorista argentino que define a los argentinos como una mezcla de “la mala leche del gallego, el lamento eterno del judío, y la chantada del tano”.
Me acordé de la frase de Pinti, al escuchar el discurso de aceptación de Daniel Mantovani, el argentino que ha ganado el premio Nobel de Literatura, y al que, algunos años después, habrían de nombrar “Ciudadano ilustre”, de Salas, su pueblo natal.
            Si bien se siente halagado por el premio, lo atormenta que, “este tipo de reconocimiento unánime tiene que ver directa e inequívocamente con el ocaso de un artista”. Mantovani siente que se ha convertido en un escritor que resulta cómodo para toda clase de público y esa comodidad, según él, desdice del espíritu creativo: “El artista debe interpelar, debe sacudir, por eso mi pesar por mi canonización terminal como artista”. Finaliza señalando que debe agradecer hipócritamente a los presentes “por haber dictaminado el fin de mi aventura creativa”.
            El escritor ha conseguido escandalizar al burgués: un silencio grave inunda el teatro y, luego de unos segundos, un público elegantísimo, ávido de justificar su mala consciencia, aplaude el lamento, la mala leche y la chantada del galardonado.
            El ciudadano ilustre (2016) es una película seductora que, a partir de la historia del regreso a su pueblo natal de un escritor argentino que ha recibido el premio Nobel, desarrolla, con amenidad e inteligencia, aunque muchas veces caiga en el cliché, la relación conflictiva entre la imaginación del artista y la realidad que recrea; el contrapunto del arte y la ética, y la confrontación de la cultura local y el arte llamado universal.

"...el fin de mi aventura cretiva."
              Daniel Mantovani, —interpretado con verdad actoral por Óscar Martínez— no es un rebelde como lo fuera, por ejemplo, Jean Paul Sartre, que rechazó el premio Nobel para continuar con su activismo radical. Mantovani es un escritor de rebeldía únicamente conceptual, pues su práctica vital es, más bien, la de un intelectual conservador, bien ubicado en los círculos culturales dominantes. Él se lamenta de los laureles literarios y sus consecuencias para el proceso creativo, pero los admite con cinismo.
Luego de rechazar invitaciones de todas partes del circuito cultural establecido, ese mismo cinismo lo llevará a aceptar una invitación a Salas, su pequeño pueblo, de donde ha salido cuarenta años atrás. ¿Para qué quiere regresar? Al principio, parecería tan solo una traviesa aventura personal: ponerse a prueba al regresar a un lugar del que ha querido escapar durante toda la vida. Después, la anécdota se convierte en conflicto: Mantovani es parte de Salas y viceversa; él es una rareza ilustre del pueblo pero también su cronista incómodo.
La aventura en Salas arranca con fuerza simbólica. El chofer designado para recoger del aeropuerto a Mantovani tiene un carro viejo cuyo neumático reventará a medio camino. Sin llanta de emergencia, los pesca la noche. Mantovani le cuenta una historia y el chofer concluye que los protagonistas son “los hermanos Remoneda”. Al día siguiente, el chofer va a defecar entre los árboles y lleva consigo unas páginas de una novela de Mantovani para limpiarse.

El costumbrismo resalta lo kitsch.
Los conflictos del autor, embebido de la cultura europea, con la sencillez y la árida vida cultural de su pueblo, son narrados apelando con equilibrio a escenas costumbristas, que resaltan el aspecto kitsch de lo popular. El paseo por el pueblo montado en el carro de los bomberos junto al intendente y la reina de belleza. El encuentro con un gaucho que, luego de exclamar «¡Viva la patria, Daniel!», hace un número de boleadoras. El descubrimiento de un busto del autor en la plaza del pueblo, con unos escolares que, pobremente, cantan el himno. Todas, escenas que acentúan la confrontación entre la sobriedad racional del mundo cultural europeo y la euforia algo desmedida y sentimentalista de lo local.
El culmen del enfrentamiento entre la visión local del arte y lo que el escritor ha asimilado en Europa es el concurso de pintura del que Mantovani es jurado. La verdad es que no se necesita vivir cuarenta años en Europa para darse cuenta de que las obras artísticas son deplorables. Tal vez exageraron lo directores de la película para acentuar el cliché de los pueblerinos ignorantes. Tal vez el hiperrealismo convirtió en parodia costumbrista toda la secuencia. No obstante, este episodio fundamental en la trama sirve para demostrar cuán lejos está la sensibilidad del escritor respecto de la sensibilidad de la gente de su pueblo natal. Irene (Andrea Frigerio), su novia de la adolescencia, lo ubica de manera sencilla pero contundente: «¿Eres ingenuo o egoísta? ¿No te diste cuenta que alguien acá se podía ofender?»
Las clases que imparte Mantovani son un buen recurso para plantear, dinámicamente, los conflictos entre el arte y la ética, y entre el individualismo del escritor y la demanda de su compromiso con la sociedad. La imagen del lleno entusiasta de la primera clase contrasta con el vacío desolador de la última. En todas ellas, el público parece desconocer no solo la obra de Mantovani sino el debate cultural sobre los problemas entre el arte y la ética que plantea el escritor: «La creación artística es independiente de la ética y la moral».

El asado de celebración es un mal presagio.
 El guion introduce un conflicto que desenredará la trama. Mantovani tiene una relación sexual una tarde, después de la primera clase, con Julia (Belén Chavanne), una muchacha desprejuiciada que se sofoca en el pueblo, y que, literalmente, se le mete en el cuarto de hotel. Julia resulta ser la hija de Irene y Antonio, el amigo que se casó con ella, (Dady Brieva, soberbio en su papel), quienes han invitado a Mantovani a compartir un asado, cabecitas de cordero y recuerdos. A partir de la cena y el descubrimiento de Mantovani, de que Julia es hija de sus amigos, la película deja a un lado el tono de comedia y se envuelve de una atmósfera lúgubre.

Paternalismo y humanidad en esta situación
Un episodio marginal de la trama es, sin embargo, un momento de alta tensión. Un padre (Gustavo Garzón) con su hijo en silla de ruedas, va a pedirle que le done una silla de rueda especial que tiene un costo de aproximadamente diez mil dólares. Mantovani se siente incómodo durante toda la conversación y elabora un contradictorio discurso sobre la caridad y el bien, para terminar negándose. Hay mucho de paternalismo pero también mucho sentido de lo humano en el conflicto. Al final, en el único gesto del personaje que es fruto de una sensibilización frente al prójimo, llama a su secretaria para que gestione el envío de la silla de ruedas.
La tensión entre el ciudadano ilustre y la gente de su pueblo estalla cuando ,al parecer, se conoce de su aventura con Julia. El paseo final subido en la camioneta de Antonio, que lo lleva a “cazar chanchos” junto al ofendido novio de Julia, es la contracara del paseo inicial en el carro de los bomberos. El primer paseo es la gloria; el segundo, la ignominia: aquellos habitantes de Salas, los que se han sentido despreciados por Mantovani, lo contemplan con rencor y todos ellos saben que lo llevan camino al matadero para hacer justicia.
Esa relación conflictiva con su pueblo natal, sobre cuya gente y paisaje gira toda su obra literaria, será definida en la novela que habrá de escribir gracias a la aventura en Salas, de la que le queda una cicatriz de bala: «Creo que hice una sola cosa en mi vida: escapar de ese lugar. Mis personajes nunca pudieron salir y yo nunca pude volver».
Mantovani es un escritor, ideológicamente liberal, que sostiene como principio la condición amoral del arte y el artista. Su ética y su estética quedan definidos en el discurso final: «Todos los escritores somos egocéntricos, autorreferenciales, narcisistas y vanidosos. Creo que eso constituye una herramienta absolutamente imprescindible para la escritura. El lápiz, el papel y la vanidad». La película se cierra, igual que en su apertura, con el espectáculo de la cultura: Nuevamente, el aplauso de la audiencia; otra vez el momento de la pequeña gloria del escritor que se lamenta por la consagración alcanzada pero al que le encanta el éxito.

Una película agradable para disfrutar y desmenuzar.

El ciudadano ilustre, película dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, se asienta en un guion redondo, aunque lleno de tópicos, cuyos diálogos contribuyen a profundizar la anécdota; se sostiene en las interpretaciones convincentes de sus actores, y en un humor negro que combina con ironía momentos dramáticos y situaciones cómicas. El cinismo de Mantovani lo lleva a burlarse de Irene cuando ella le dice que lleva una vida “agradable”. Pues bien, paradoja incluida, El ciudadano ilustre, en muchos sentidos, es una película agradable también, para disfrutar con una sonrisa y desmenuzar sin piedad.

domingo, junio 04, 2017

El plagio de "Redacción Expreso"


          La pereza mental y la ausencia de ética en lo que atañe al respeto frente a la autoría de un texto, parecería una práctica común de cierto periodismo cultural que no tiene ningún escrúpulo a la hora de “cortar y pegar” para hacer sus “notas culturales” de ocasión. En la edición dominical online de Expreso, del 4 de junio de 2017, aparece la nota “Juan Rulfo, piedra, hilos y páramo”, firmada por “Redacción Expreso”.
            La nota es un plagio del artículo del académico manabita Humberto Robles: “Juan Rulfo cumple cien años: piedra, hilos y páramo”. El artículo de Robles ya había aparecido en el portal web de la Revista Literaria Metaforología, el 16 de mayo; en la página web institucional de la Academia Ecuatoriana de la Lengua, el 17 de mayo; y en la edición online de CartoNPiedra, el 22 de mayo.
            Humberto Robles, Professor Emeritus de Northwestern University, escribe en su artículo: “La capacidad sugestiva de esas obras las ha transformado a lo largo del tiempo en patrimonio de las letras no solo mexicanas. El público las lee, las conversa y las comenta sin tregua. En ese sentido, mérito aparte, Pedro Páramo, diría Borges, es ya un clásico de la literatura iberoamericana.”
El plagiador de Redacción Expreso transcribe: “La capacidad sugestiva de esas obras las ha transformado a lo largo del tiempo en patrimonio y no solo de las letras mexicanas. El público las lee, las conversa y las comenta sin tregua. En ese sentido, mérito aparte, ‘Pedro Páramo’, diría Borges, es ya un clásico de la literatura iberoamericana.” El trabajo del plagiador ha sido añadir un “y” innecesaria.
Pero luego, al plagiador de Redacción Expreso le dio pereza de añadir, quitar o cambiar alguna palabra del texto, así que los dos siguientes párrafos son una transcripción del artículo de Robles. El primer párrafo comienza así: “Recorremos ese texto y sentimos que allí nos descubrimos, que allí rozamos fundamentos del lenguaje y del ethos que nos constituyen.” El otro comienza de esta manera: “Pedro Páramo capta esos umbrales en que colindan la tradición y el cambio, el ser y el estar, propone un mundo que se desmorona y otro que apenas, si algo, se vislumbra.”
Humberto Robles reflexiona y escribe en primera persona en su artículo: “La ilustración de ese precario hilo, la difícil habilidad en lograrlo, es lo que siempre me ha dejado perplejo y alelado cada vez que vuelvo a Pedro Páramo, y en ello quisiera fijarme: compartir a continuación con el lector, a manera de ilustración y homenaje, un conjunto de fragmentos que recogen el poder poético, evocador, que sugiere la prosa de Rulfo.”
El plagiador de Redacción Expreso ni siquiera se da cuenta de la primera persona y transcribe: “La ilustración de ese precario hilo, la difícil habilidad en lograrlo, es lo que siempre me ha dejado perplejo y alelado cada vez que vuelo a leer ‘Pedro Páramo’.” Y lo deja ahí, cortando la frase de Robles. El plagiador no “vuelve” a leer la novela, sino que “vuela” a “cortar y copiar” el texto de Robles.

Humberto Robles, al final de ese párrafo, dice: “Pedro Páramo es todo un oráculo, un manual de imágenes y sensaciones poéticas que nos quieren hacer llegar a ese punto en que se dan umbrales visuales, temporales, olfativos, táctiles y auditivos.” El plagiador, como ha suprimido algunas líneas del texto de Robles, se toma el trabajo de cambiar el comienzo de la oración: “La obra es todo un oráculo, un manual de imágenes y sensaciones poéticas que nos quieren hacer llegar a ese punto en que se dan umbrales visuales, temporales, olfativos, táctiles y auditivos.”
El ensayo de Robles continúa con una serie de citas de la novela y más reflexiones, que el plagiador ya no toma en cuenta. Redacción Expreso también transcribió el párrafo final que comienza: “En la aclamada novela del autor mexicano, el contraste surge de la yuxtaposición de la perspectiva de Juan Preciado con la de los recuerdos teñidos de ensueño de su madre, Dolores.”
¡Ni un solo párrafo entrecomillado! ¡Ni una sola mención a Humberto Robles! ¿Era muy difícil pedir permiso al profesor Robles y publicar el artículo completo con la firma de su autor? El plagiador Redacción Expreso copió los párrafos que quiso, mutiló los que ya no le interesaron, y, sin ningún empacho, firmó la nota de ocasión como si fuera propia.
Esa falta de respeto por el trabajo intelectual es típica de una práctica mediática que entiende la cultura únicamente como espectáculo. De ahí que cuando ese tipo de periodismo requiere profundizar un tema, el único recurso que tiene a mano es “cortar y copiar”.

Artículo de Redacción Expreso 

Adenda:



Después de que subí esta entrada, me llegó una foto de la edición impresa de Expreso.
En ella, el artículo de Humberto Robles sí consta con su nombre como autor. No obstante, el artículo de Robles apareció mutilado, sin que el autor hubiese conocido de su publicación y menos autorizado los cambios que son altamente significativos pues, al mutilar el ensayo de la forma que el editor lo hizo, le quita toda la argumentación con ejemplos de la novela. Esto también es una práctica vergonzosa: mutilar groseramente un artículo académico sin pedir permiso a su autor.
Debo aclarar, además, que fue Humberto Robles quien, a primera hora de la mañana, me escribió indignado —sin saber de la publicación mutilada de su ensayo en la edición impresa—, toda vez que en la edición online, el nombre del autor del artículo es “Redacción Expreso”. Y ha sido el mismo Robles quien, al final del día, me escribió diciendo que él jamás fue consultado para la publicación mutilada de su artículo, y menos que la haya autorizado.
De todas maneras la calavera es ñata: la versión online de Expreso, según lo que escribí, cometió lo que en el mundo académico se conoce como plagio al publicar el artículo y poner como autor del mismo a “Redacción Expreso” y no a Humberto Robles. Y la edición impresa del mismo diario mutiló groseramente el artículo sin autorización alguna de su autor. Dos prácticas aberrantes de ese periodismo que carece de respeto para con el pensamiento académico.

Colofón:

 








Mariella Toranzos, responsable de la página dominical de cultura de Expreso, escribió una entrada en Facebook y un tuit el día de ayer. Yo le respondí a través de tuit largo.
Copio las capturas de pantalla correspondientes.